Críticas redactadas por Pedro Alonso, Inspector -ya jubilado- de Educación en Conservatorios.
Concierto - 1 de marzo 2026 - Eric Lebrun & Marie-Ange Leurent - Francia
Concierto a cuatro manos
El concierto celebrado esta tarde en la Iglesia de la Encarnación, dentro del III Festival Internacional de Órgano Bach-Marbella,
ha supuesto una experiencia artística de notable altura, tanto por la calidad interpretativa como por la inteligente concepción del programa.
Los organistas Èric Lebrun y Marie-Ange Leurent ofrecieron una lectura de profunda expresión y sólida comprensión técnica del instrumento,
combinando rigor estilístico con una imaginación tímbrica que supo explotar con refinamiento las posibilidades del órgano del templo.
El programa, llamativo por su carácter transversal y por reunir adaptaciones de obras no concebidas originalmente para órgano,
se abrió con la Petite suite de L’Orfeo de Claudio Monteverdi. Desde los primeros compases se percibió un cuidado extremo en la articulación
y el fraseo, con una claridad polifónica que evocaba la transparencia de los conjuntos instrumentales originales.
La gestión de los registros permitió diferenciar planos sonoros sin perder cohesión estructural.
El Menuet y la Danse des Sauvages extrait des Indes Galantes de Jean-Philippe Rameau pusieron de relieve la capacidad del dúo
para recrear el carácter teatral y rítmico del barroco francés. Aquí brilló especialmente la adecuación estilística: ornamentación medida,
pulsación flexible y un uso colorístico del órgano que sugirió con sorprendente viveza la paleta orquestal.
La presencia de Johann Sebastian Bach, con la Suite en re mayor BWV 1068 y el primer movimiento del Concierto de Brandeburgo nº 2,
constituyó uno de los puntos culminantes. La transcripción evidenció un dominio absoluto de la textura contrapuntística,
así como una articulación precisa que evitó cualquier pesadez. El célebre Air fluyó con naturalidad cantabile, sostenido por un fraseo noble
y un control exquisito del legato. En el movimiento concertante, la claridad en el diálogo de voces fue ejemplar, demostrando un profundo
conocimiento del estilo bachiano que no es casual en intérpretes que han grabado integrales de su obra organística.
De George Frideric Handel se escuchó el De torrente extraits du Dixit Dominus, resuelto con vigor retórico y una arquitectura bien definida,
donde el manejo de los contrastes dinámicos aportó intensidad dramática sin caer en excesos.
La Obertura de La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart supuso un ejercicio de equilibrio clásico admirable:
transparencia en la textura, elegancia en el fraseo y un control muy refinado de las entradas imitativas.
En contraste, El bello Danubio azul de Johann Strauss II aportó un aire desenfadado y luminoso, tratado con delicadeza
en los rubati y con un registro que evocaba la ligereza orquestal sin sacrificar la nobleza sonora del órgano.
La emotiva Pavana de Gabriel Fauré ofreció uno de los momentos más introspectivos de la velada, sostenida por un legato sedoso
y un fraseo de gran aliento lírico. Finalmente, la Obertura de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini cerró el programa
con brillantez y sentido teatral, demostrando una vez más la pericia técnica del dúo en pasajes de agilidad
y en el control preciso de los cambios de registro.
Resulta particularmente llamativo que intérpretes que han grabado integrales organísticas de compositores como Bach, Buxtehude,
Litaize o Boëly opten aquí por un repertorio de adaptaciones. Sin embargo, lejos de percibirse como una concesión,
la elección se reveló como una declaración estética: el órgano no solo como instrumento litúrgico o estrictamente historicista,
sino como gran orquesta capaz de absorber y recrear múltiples estilos. Lebrun y Leurent demostraron que, cuando existe
una profunda comprensión técnica y expresiva del instrumento -unida a un dominio del estilo histórico, una articulación impecable
y un control magistral de los registros-, la transcripción puede convertirse en un verdadero acto de recreación artística.
En suma, una velada de alto nivel interpretativo, donde el rigor musicológico y la imaginación sonora convivieron con naturalidad,
confirmando la solidez artística de ambos intérpretes y la madurez del festival marbellí.
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